Breathe

Breathe
Nunca ha habido nada, pero todo lo que hay es mío.

11.21.2007

Yo adhiero al día del lector anónimo...

... pero como me desperté 6 am y fui a teñirme, a comprar ropa, anillos de circón cubic, gargantillas de strass high quality, Dove para cabellos teñidos, Loreal elvive gloss, jugo Ser frutos rojos y speed para tomar con vodka... no tengo ganas de explicar qué es.

Acá se los explica la mismisima Carolina (Bestiaria de http://bestiaria.blogspot.com).

Quiero por lo menos una firma el 21 o pongo un virus en esta página.

Post Scriptum: ¡Ah! ¿Hoy es 21? Mirá vos... falta 1 mes para mi cumpleaños.
Post Scriptum 2 : A él o la forra/o pelotudo/conchuda que haga una firma índole fotolog le hackéo el mail. Ahora salgo con un programador. Creo que puedo amenazar.

11.11.2007

Depresiente.

La primera vez que fui a la psicóloga ella pretendió que yo establezca las metas del análisis psicológico (distinto del psicoanálisis que es Freudiano). Le planteé que yo pretendía empezar a poder expresar mis emociones, decir “te quiero” sin sentir una tormentosa inseguridad que me asediara con ansiedad. Felizmente pude hacerlo, pude comenzar a expresarme.

Su MO es preguntarme lo que siento, recurrentemente, cuando le cuento las cosas que me pasan. Es curiosa mi tendencia inherente a replicar con análisis meticulosamente racionales, a lo que ella, sin desistir, vuelve a cuestionarme mis sentimientos y no lo que sería apropiado sentir o lo que debería ser.

Rápidamente sacó a la luz un patrón: si bien mejoré en expresar las emociones positivas tengo una alta falencia para expresar el dolor o la ira. Dejó la punta del ovillo varias veces insistiendo en que me plantee mis modos de procesar las emociones negativas, a lo que mi respuesta, patética desde un “vamos”, fue: me tomo uno o dos “valium”.

Ayer mi madre se dedicó a quemarme las neuronas (cosa que yo hago sin ayuda) porque el lavabo de la cocina estaba roto y yo olvidé la cuestión, poniendo un plato a lavar y sirviéndome un vaso de agua. Le contesté mal, bajón al margen, a lo que ella prácticamente comenzó a llorar (o a poner esa voz manipuladora de pobre madre masacrada por una vida de trabajadora insufrible) y yo me limité a encerrarme en la habitación (luego de su “sugerencia” de mandarme a mudar de la casa).

Me desperté 4 pm.

Apenas pude razonar en donde estaba, ella comenzó a gritar porque había agua, nuevamente, en el lavabo. El novio le respondió que él no lo había abierto, a lo que ella entró abruptamente en mi habitación y comenzó a gritarme si yo había abierto el lavabo. Fui honesta: no. Comenzó a culparme de mentirle descaradamente en cara hasta que yo sugerí que le volviera a preguntar al novio si fue él quién echó agua en el lavabo. Esta vez su respuesta fue afirmativa.

Progresivamente, durante el día, fue decreciendo mi estado anímico hasta que, minutos antes de escribir este texto, fumé un cigarrillo y recordé porqué me había despertado tan tarde: tuve un extenso sueño en el que la asesinaba.

Pensé: ¿qué siento ahora?, notando que, dentro mío, recorría ese veneno negro por la sangre de mis venas, esa sensación caóticamente mórbida de querer matar, de querer destruirla y tomar su cabeza, agacharla contra la lacena y golpearla hasta que muera desangrada.

Pero no sé que siento.

Todavía no sé que siento.

Siento eso indescriptible de querer herirme por no herir, de querer gritar de algún modo complejo que se exprese con cortes, con una buena dosis de vodka, de fantasear con irme y no oír a nadie más nunca, de sentir que ya nadie me quiere, de que no hay quién me abrace en este momento sin poder considerar tal cosa una nimiedad…

Pero hay algo que excede el tener que enfrentarme a mi madre y es tener que lidiar con mis emociones, aquellas que no describo, aquellas que no controlo, aquellas que no asesino: son esas que me matan y me asesinan a mí.

De envoltorios fucking perfectos… a un costado: vacíos por dentro.

11.02.2007

Declaración del 2 de Noviembre del 2007

Ahora, acá, en este preciso momento de mi vida, no creo que necesite absolutamente nada más que lo que tengo.

Me siento plena, satisfecha, feliz y completa.

Sé que no es un clásico en mi vida y es extraña esta sensación para mí. Siempre creí que no podía definir con exactitud la felicidad. La he llevado al relativismo extremo, aduciendo (bueno, podríamos alegar exceso de cientificismo bizarramente entremezclado con cientificismo) que la felicidad suele ser un estadío del recuerdo del pasado que llevamos al nivel de ideal sin tener la capacidad de contrastar el estado actual de las cosas, añorando, casi residualmente, volver a ese instante de plenitud, siendo que, a su vez, se suceden las cosas ahora y pasa el tiempo y, posiblemente, nos encontremos luego volviendo a añorar el momento aquel que no supimos apreciar por ser una cuestión de experiencia del tiempo. Es decir, solemos añorar melancólicamente aquello que perdimos.
Por otro lado, alegaba que "neuronalmente" nuestras únicas posibilidades de experimentar la felicidad eran mediante su expresión más nímea: la alegria. Es decir, la serotonina. Por supuesto, como todo neurotransmisor, su presencia antes de ser recaptada es bastante escasa, a lo cual, el concepto de felicidad se ciñe más a la posibilidad de "bienestar".

Pero hoy, curiosamente, se me desvarían todos los sentidos porque no me siento alegre: me siento feliz.

Mis teorías cientificistas sobre la serotonina se ven doblegadas sobre aquello que va más allá -y probablemente se relacione con la psíquis- que es la seguridad.

Poder comenzar a pararme más firme para con mi familia, establecer los límites que bien merecidos tienen.

Poder mostrarme como soy y ser aceptada por gente que considero valiosa.

Poder ser cariñosa con alguien, sumamente cariñosa, y recibir una respuesta afirmativa ante tal acto.

Poder decir esto de una manera manierista y compleja tan solo para no exponer la vulnerabilidad que aquello implica. Porque el jueves le dije a mi psicóloga: "Para mi la felicidad es tener todo aquello que cupa dentro de mi absoluto control". Pero es eso y más que eso. Es eso y este texto y poder ser retorcidamente insoportable para explicar lo que siento... pero estoy aprendiendo que hay algo que trasciende muy por encima de la mágia del lenguaje. Hay algo que trasciende la razón, hay algo que trasciende la capacidad de verbalizar... y es la pasión de poder sentir, no importa qué, no importa cómo, pero importa el vivir y saber que logré aprender que este momento me hace feliz y se desdibuja la melancolía del pasado.

Es aquí y ahora... finalmente.

10.29.2007

A pppppprrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr TRRRRRRRRR

Tengo un gato.

Hoy decidí que quién no tiene miembro masculino no puede ser macho. No importa la insistencia del veterinario y el hecho de que insista en llamarlo "Yukio" por Mishima.

Eso sí, es un puto, le encanta que le besuquee las tetillas.

Me enamoré... y es correspondido.

La felicidad puede ser una mordidita en la nariz, una áspera lenguita en los labios, un maullidito mal artificiado, una cabecita escondidita en el doblez de tu brazo y quedarse dormida mientras oís un ronroneo interminable y dos perlas verdes te miran fijamente.

10.24.2007

Eres, lo que más quiero en este mundo eso eres.

Hoy, hace exactamente 12 años, un 24 de Octubre de 1995, nació Ana Stephany Wirth.

En mi vida he tomado Ketamina en sobredosis y tenido K holes y sentirme completamente disociada, flotando sobre mi cuerpo. En mi vida he tomado MDMA puro y sentirme en éxtasis... en mi vida he sentido placer extremo pero nunca, jamás, he sentido eso que sentí cuando naciste.

Me lo dijeron aquella mañana: nació tu prima. Recuerdo esas palabras literales y quedarme, precisamente, sin palabras, y llegar al colegio y subir esas escaleras como si entrara a un palacio y se abrieran las puertas y allí hubiera una cuna con gasa cristal recubriendo tus ojos angelicalmente azules, tu cabello rubio, tu aroma a recién nacida. Eras mi princesa.

Me corrijo.

Sos mi princesa.

Porque cuando te veo, desde tu inocencia y tus juegos hasta el modo por el cuál crecés y descubrís mágicamente aquel mundo real, todo lo complejo que implica y todas esas formas por las cuales simplificás, esa honestidad brutal, esa magia cuando aún jugas, esa eufória por las cosas, esos modos sobrecarburados por los que contás lo que te pasa, esa confianza y ese amor que sabés dar, esa aura que tenés a realeza, esa belleza intrínseca que va mucho pero mucho más allá de tu gloriosa majestuosidad... precisamente por eso, porque sos lo más bonito que ví en mi vida y no me refiero tan solo a tu imagen... me refiero a lo que irradías, me refiero a toda la ternura y la calidez, me refiero al apasionamiento por verte crecer día a día, por ver tus cambios y tus complicaciones y a la vez tus alegrías y tus pasiones, por querer que vivas intensamente todos y cada uno de los momentos, porque sos, fuiste y serás la luz de mis ojos, uno de los motivos más grandes que tengo para vivir, poder verte y experimentar como de a poco te convertís en mujer, poder saborear el modo por el cual saboreás tu vida...

Ver el brillo de tus ojos.

Y es tan solo querer vivir para estar ahí, para estar en tu vida y saber que siempre tendrás cada milímetro del amor que hay en mi para vos, porque todas y cada una de estas palabras son una nimiedad para expresar que siempre quiero estar en tu vida porque nada jamás me haría tan feliz como ver tu rostro de alegría cuando descubrís en las pequeñas cosas tanta pasión.

Porque eres... lo que más quiero en este mundo eso eres.

10.20.2007

La insuficiencia de las construcciones culturales del vocabulario + Marina geburstag

La verdadera amistad tiene un momento de silencio muy ruidoso. Es exactamente cuando hay que usar la palabra te quiero. Soy una obse de la meticulosidad de lo expresado y no me refiero a sintaxis ni semántica sino algo más profundo, una cuestión de responsabilidad con la carga del discurso y su repercusión.

Lo curioso es que querer, en alemán, es un verbo modal, y no existe nada más preciso que eso. Los verbos modales como möchte (querer), wollen (desear), dürfen (tener permiso), sollen (tener que por obligación externa), müssen (deber, por obligación autoimpuesta), können (poder) son un mundo aparte, inclusive gramaticalmente hablando. Por empezar, son verbos que exigen obligatoriamente otro verbo. Se construyen de distinta forma, el “modalverben steht auf position zwei, subject steht auf position eins und verb im infinitiv am ende”. Es decir, no conjugamos el verbo que implica el verbo modal sino que conjugamos el modal en relación al sujeto.

Todo esto no tiene demasiado que ver excepto por el dato curioso, querer como muestra de afecto no existe. Se dice Ich liebe dich, que viene de liebe que es amor. Claro que no se traduce “yo amor tu” sino que liebe podría ser una primera persona de lieben, aunque desconozco si existirá como verbo.

No tengo mayor conocimiento respecto de los casos en otros idiomas pero me resulta curioso que no haya un distintivo en los “niveles de afecto”. A su vez me siento bastante perturbada porque yo misma, en nuestro idioma, siento que “querer” es un verbo posesivo, que implica una acción secundaria ¿qué es lo que quiero? El objeto de mi afecto “quiere ser poseído por mí”, lo anhelo como parte mía, es decir, parte de mi vida.

Me resulta complejamente fuerte.

Hasta cierto punto prefiero el verbo amar, porque implica un estadio del afecto mucho más sano: siento amor por esta persona, cariño, me importa que esté viva, quiero que esté bien, le deseo que sea feliz. Es claro, pero a su vez multidimensional. El problema que tenemos en Argentina (presumo que en todo país hispanohablante) es que al término “amar” se lo toma como algo grandilocuente, como una cosa tajantemente determinante, una promesa, un lazo sagrado… tampoco creo que sea tan correcto tomarlo desde esa perspectiva. Amar implica algo más importante, irradia esa postura de fidelidad de sentimiento pero a su vez se aplica, con mesura, a la libertad. Amar no exige ser amado, ni siquiera correspondido, aunque es más sencillo amar a quién nos ama. Querer implica algo más superficial, probablemente más ligado a las exigencias a las que nos lleva ese deseo de querer “algo”. Tal y como el alemán lo exige en su gramática, se quiere una cosa, poseer una cosa. “Ich möchte dir haben” sería apropiado, más no “Ich möchte dir”. Un alemán te miraría consternado y te preguntaría: Was möchte du mir?

A veces siento algo parecido.

Los silencios hacen ruido.

El silencio de no poder decirle te quiero a mi mejor amiga en su día de cumpleaños… el ruido que haría decirle que la amo… el silencio de decirle te aprecio… el ruido de decirle que la necesito… el silencio de no decirle nada, porque ya sabe todo, porque a veces las palabras son, oficialmente, un recurso torpe y sesgado, una construcción cultural que no nos permite habitar las emociones que residen dentro nuestro.

… aber sie wissest Ich könne nicht ohne sich meine leben denken.