Yo soy la clase de persona que necesita constantes pruebas en quienes me rodean.
Probé si me extrañaba. No lo hace.
(Suficiente prueba)
.Versuchung.
Te extraño. Como si la imagen alucinara cada defecto de tu piel conjugándose en perfección orgásmica. De un modo absurdo, te extraño. Pienso que aquél día vi por última vez tus ojos. Penetro abstinencia sobre mi mirada cayendo en el deseo abyecto. Perversa piel en sueños, tocando ardor el recuerdo, quemo la lujuria intentando esbozarte con mis dedos.
Abro mis párpados y puteo, la realidad emerge ahogando el deseo y muere la pasión estancada en el silencio.
A veces lágrimas, pero hay un luego. La noche cae y en odio rebasa la vulnerabilidad. Odiar la impotencia, odiar la maldita impotencia que solo se deja estar: sobre mis palabras y sobre la verdad.
Internarte en El País de No me Acuerdo pero recordarte. Los sueños te traen a luz y el día comienza con el llanto partido de haberte sentido dentro en la irrealidad de un alba que emergerá. Oniria toca y se va, casi sería perfecto si fuera eterno entonces real (pero, lo siento querida, el día comienza sin Él).
Camino por una calle dual. Mi cuerpo aleja su aroma de posibles halos de su presencia. “Iré dónde no vaya, evitaré saber que alguna vez existió”… para alejarme de su virilidad y acercar mi mente en su distancia, pensarlo algún día, recorrer este laberinto llamado Buenos Aires buscando la calle en la que veré su figura alejarse.
Entonces sé que no. Entonces sé que este texto es un grito que hará eco resonando en su recuerdo: lo único que me queda.
Estoy triste. Entre los distintos modos de tristeza, siento la clase que penetra hondo, esa que es tangible y real. Pesa más que cualquier posible llanto. Se oye más que cualquier grito, marca más que cualquier corte. Es la clase de dolor que no merece reacción, es la clase de llanto que se llora sentada sin palabras, húmeda en la ducha mirando perpleja la pared y sin saber qué pensar o hacer.
Un despliego de gritos que se sangran en silencio: no entender.
Escucho aquel tema que se tocar con mis dedos porque él lo tocaba para mí. Recuerdo que antes de esas palabras me dijo que me amaba con profundidad, que me amaba mucho pero mucho, que me amaba con intensidad.
Pienso dando vueltas sobre dudas, panoramas secos e interminables dónde el eco rebota mis preguntas.
No fuí suficiente?
Mientras empiezo a preguntarme las respuestas cómo si estuviera convencida de que no valgo.