Breathe

Breathe
Nunca ha habido nada, pero todo lo que hay es mío.

5.28.2007

Martin's Art

Cuando él sea famoso yo voy a estar ahí, con el pelo rojo y un buen vino en mano, orgullosa de como lo felicitarán por su gran capacidad artística.


Videito que ni llega a rozar la capacidad creativa que tienen sus dibujos en vivo en directo:




By Animación 1er año 2006 Fuc.
(Sin k)


"Fundación universidad cine" (o adhierase la K y diga mierda)

5.27.2007

Music and all the things you feel

Belleza penetrando mis oídos, elevándome más allá de las palabras...

FC / Hackuna - Hayling

don't think about all those things you feel -just be glad to be here.

Típica noche de Martin, tipicos platillos, comidas caseras, buena música, buena compañía y la melancolía desdibujandose así como la noche empieza a tomar una forma certera, amena, suave, dulce, la monotonía se desdibuja así como se marca el trazo de su crayón sobre nimiedades, dibujos tontos, risas irrelevantes, pero risas.

Reirme en el día tan negro de hoy.

Cuánto tiempo, demonios.

¿Para qué dejar tantos lapsos entre los buenos momentos?

Demonios.

Cortando el vacío de vacíos, navajas y

Recubro mi habitación de negro. La luz que viola la obscuridad, filtrándose por la ventana, corrompiendo a la almohada desnuda de llanto.

Podría haber sido de noche u hoy, podría no haber sido hoy.

Podría pisar todos los nombres, una, dos veces, con más indiferencia pero pisarlos; pisarlos Natalia, es no ser indiferente.

Podría tomar ese teléfono y llamarla furiosa, volviéndole a preguntar nuevamente un porqué. Para oír excusa y sandéces varias sobre sofocantes argumentos interminables.

Excusitas baratas de pendeja barata.

Podría llamarlo a él y preguntarle porqué soy indiferente, porqué no hay causas a mi rechazo, porqué ahora se borran todos los dibujitos infantiles en donde él ya estaba borrado.

Podría edificar algo, salir a capital y dibujar, habano en la mano, Glamour Recoleta sobre mi cuerpo desilucionado.

Podría reirme con alguna nimiedad.

Algo. Broma. Risa.

O alcohol en mano es alcohol en sangre, palabra en mente es palabra que muere.

Podría gritar un poco, un halo de ira porque ella decide fácilmente que soy frágil.

Prohibido tocar, entonces.

O tocar para prohibir.

El juego interminable y acerritmo de desvirtuar las emociones hasta que se nulifiquen del todo, dejar tamaña insoslayable soledad en un banquito en Recoleta.
Cruzar las piernas, no cruzar miradas con nada porque hoy detesto la gente.
Sentir nauseas internas cuando veo ojos que quizás podrían ser mirados pero no lo son porque no quiero, ni miradas, ni manos, ni observaciones sobre la nada que siente un Todo que se escribe sobre el silencio.

Aún no he dicho nada.

Hay mucho para decir y nadie para decirlo.

Esa figura que traspasará la muerte algún día, impregnándose en todo el rencor de la sobreprotección.

Quiero un grito, una muestra de crueldad, un enojo y un no. Lo que no quiero es su mirada contemplativa y repugnántemente invasiva sobre mis ojos.

Un beso húmedo cargado del rechazo y que ahora se me ocurre que no me bese nadie, que no me observe nadie mientras tipeo.

Clausurar la ciudad desde el otro lado de la pantalla, mirándola como un espejo emocional, traspasando la mente un instante e intento, a todas luces, apagar la luz.

Cuando quiero quizás renombrar algo iluso, irme un rato de la ilusión de no estar para estar.

No estoy. Me voy. Me fui. Desaparecí de la agonía de los discursos que quiero asesinar.

¡Basta de esto! Digo en mi mente que grita lo que no grito.

Las personas, esas volátiles almas recubiertas de balbucéos estúpidos sobre estúpidas cuestiones de nada.

Arreglar un paraguas por si llueve y, entonces, no llueve.

O la lluvia cae sobre el frío de los marfiles amoldados a la vereda, caen para rebotar y doler y calar las venas del hambre también.

¿Qué he sentido?

El sentido que ahora no siento.

Trapo de papel en el suelo. Muñeca de trapo escribiendo estupideces.

Nenita, estúpida, tonta, desconocida porque quién sabe no sea tan estúpida, quién sabe haya algo más a descubrir pero ahora el sol, lentamente, desdibuja su trazo, la habitación en un color indefinido, grisáceo obscuro, más luz, menos luz, clarobscuro Barroco.

La TV, inmundicia del vulgo, hace tanto que no habla alguna fantasía aterradora.

Podría ser la vida de alguien.

¿Por qué no la mía?

Porque no hay vida, Natalia, no hay vida.

Vivir es caminar, es salir, es creer y descreer e intercambiar una serie de letras del presente no escrito.

Acá, presente, fantasía aterradora.

Muñequita de torta petrificada.

Maniquí inmutable congelado por el hielo del corazón que gemiría ¡No me importa! Que no importe tampoco gemirlo, carajo, esa es la cuestión.

Salir a violar el día inmundo. Las luces que no pasan, los coches que se pasean, un día a día agonizante de la rutina.

-Es que el tiempo no pasa –digo.

Y no lo entienden.

No entienden que el reloj apenas deja un rastro de media hora en la soledad de mi habitación. Recién empieza el día y ya espero la noche. Recién llegada la noche ya espero el día para esperar la noche para odiar el relój.

Tac, tac, tac, la canilla de agua perdiendo.

Maldita gota que corrompe el silencio.

Si puediera tan solo asesinar el texto de mi mente y este putrefacto negro que se filtra por entre las líneas del pensamiento que, fervoroso, intenta defecar contra la lucidéz.

Es noche, es de noche en mí.

Es mi nocturno paraíso de nombres sin personas.

Seguiré quieta esperando, quizás, un resabio del callarse.

Quiero ver la sangre filtrándose entre mis dedos, la sangre impura, negra, obscureciendo y maldiciendo todo esto.

Maldita sea.

Nacer bajo el sol naciente, yo habría preferido una luna menguánte, consumiéndose suavemente para llegar a cero y volver a llenar el Todo.

Libros, libros, más impunes relatos de mi adicción.

Me siento, compañero favorito y siniestro, viajante que me lee cuando lo leo y me viaja, intemporal, acaecido de silencio, no molesta, no exije, no habla, no elige interlocutor.

Lo elijo. Muevo sus hojas suavemente e imagino una pequeña sonrisa del autor ya muerto. La sonrisa de ser leído su dolor, o sus alegrías, o sus incoherencias, su sofisticación y me pregunto donde está.

¿Dónde estás, Julio?

Ya está, lamento no haberte conocido. Pero más lamento seguir conociendo para que duela no conocerte, otra superficial noche de superficiales soles que se van, gracias por irse; punto y coma.

Me gustaría ese algo. Sentarme, en silencio, al lado de un Julio. Sonreír ligeramente, levantar la mirada sin mover el rostro y…

-Caballero, gustaría… -le pregunto.

Y me dice: ¿Le puedo leer?

Éxtasis, antinomia del vacío, su nombre que a mi nombre ahora me hace mujer.

Pero sigo, doy vuelta el texto, otra vez, intento estúpido e imperturbable de sentir; una escritura que ondea las letras como volviendo hacia atrás, comportamientos tontos de la nena tonta.

Salir a la nada, esperando a que un Julio repare en mí.

No reparará, pienso.

No está. Escribo: No está, entedelo, no hay otros, somos distintos cada ser y cada momento y es dejar pasar el deseo de tener lo que no se puede, lo que se llevo el tiempo.

Porque el tiempo pasa y nos vamos desilucionando del tiempo mismo. Ahora que es ahora pero antes que era maravilloso por ser antes, ahora que antes no era maravilloso porque antes del antes era maravilloso, y así hasta remontarme a mi primer libro en mis manos a los 3 años, a mi primera escritura a los 5, al juego interminable de la curiosidad y ahora que ya no está, no es curiosidad sino discurso, no son preguntas sino respuestas sin sentido por no estar articuladas en el conocimiento.

¿Quién sabe? Nada.

Oír remitentes de palabras secas.

Es eso. Ahora no basta una palabra para maravillar, ahora además tiene que tener la acidez de un buen jugo de limón, la humedad de un día de otoño, el cabello ondulando sobre las palabras para que tengan esa gracia.

Palabras tintes de ese algo más inefable.

Palabras que no me salen, creatividad muerta, autora muerta en muerte de palabras.

Autora muerta por la autoría de una vida que se cansó de morir y renacer tantas veces.

5.26.2007

La noche sin vos.

Creo que la noche termina en soledad.

Cuando susurran, ciudad 0, noche 0, bandejas de entrada de más ceros susurrando a una persona.

Creo que la noche termina en un susurro, cuando se callan los gritos que, silenciados, aquejan este grito.

Decirte algo, quién sabe qué, solo para llenar una suerte de impregnación de mis dedos sobre su piel, susurrando otro nombre, otro grito, otro pedido casi escueto de silencio.

Decir, ¿qué decir? ¿Y ustedes que querrían que diga?

Qué el humo del cigarrillo aún sale por mi boca, un minuto luego de fumarlo, paseándose por los pulmones de la creatividad que suspira sus gemidos sobre mi almohada, su perfume sobre mi sábana, deseando que fuera Él y no tus cabellos gimiendo, ese gesto que domino despacio con mis dedos interviniendo tus intenciones de tocarme.

Pero toco, me toco sutilmente, me río, un despecho de la belleza, vos inmortalizándome en una foto, tu Dama en el flash de una cámara congelándome despacio, una mirada, los dedos jugando con el cigarrillo, el deseo de Él sobre mi almohada y la ausencia, que no, no está Él, eso no es cierto.

Es solo sexo, un juego meloreador entre mis palabras, un juego de jugarte, de tenerte, muñequita de porcelana de ojos grandes y enormes y te miro y sonrio, lentamente, recuerdos de las palabras que ayer he tipeado: jugar a las muñecas.

Luego vos, que venís y que me abrazás y mi mente se disfuma suavemente, viaja a otro lugar, a otro momento y a otro abrazo y te abrazo fuerte como queriendo abrazar un recuerdo de sus manos, de mi apoyada contra su virilidad gimiendo que no me deje así, que no me vaya en ese taxi, que no lo diga.

Está bien, me voy, así son las cosas, me tenía que ir por respetarlo, por quererlo quién sabe un poco más de lo que debería y comprender que no podía, que no habría estado bien...

Pero luego me fuí y se fué, dejando ese humo en mi mente, que me disfuma suavemente y juega conmigo, mientras yo decido jugar con otro porque en realidad...

En realidad el juego no se terminó, fue ese fuego que quedó sin consumirse, consumiéndome por dentro despacio, deseando mi mirada sobre este espejo, fantaseando con su mirada y tenerlo adentro mío, rozando mis partes ilegibles, esas que no escribo y solo a Él le he confesado.

Entre confesiones, tampoco he confesado, solo fue una manera de jugar a tenerte en otra.

Yo ya lo he dicho...

... las mujeres poseen una particularidad a la hora del orgasmo, el rostro no se define demasiado bien en el placer, sino más bien en una suerte de dolor, como si las estuvieran destripando, descuartizando en pedazos dedo a dedo, penetración a penetración, y luego fueran a partirse en mil pedazos, en una magestuosa explosión de: Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh.


Y te pregunto: Linda, ¿¡Estás bien o te estás muriendo de dolor!?


Y me respondés: Me encaaaaaAAAAAAANNNNNTAAAAAAAAa a aah ahhh aaahhh ahhhh AH!


Como qué sí, como que te estás muriendo del placer en un extremo en el que van a estallar todas las galaxias.
Yo te miro, perpleja, con una suerte de ternura, y voy más despacio, a ver si te me quebrás.
Después salgo, en portaligas, me fumo un pucho, entreabro la boca y tiro el humo, y la entreabro porque no le permití nada a tus dedos, no querida; no, es marca registrada, no tocar, no jugar, NO.


A ver si nos entendemos: Dominación.


Quietita y a ver, a ver, abríte de... A ver...
Ahora de nuevo, otra vez ese rostro que casi, casi, me asusta, esa carita inocente y febril como si te estuviera cortando y lamiendo la sangre, como si te estuviera tajando profundo y hondo, más y más hondo entre la humedad de las paredes (... de la habitación) y giran, más y más rápido y vos intentás tocarme mientras que tu voz se escucha desde el tercer piso pero no, no querida, que no te pregunte: Ah! ¿No te pregunté?


¿Qué le vas a decir a tu novio a todo esto?


Mejor nada, por favor, para problemas.


Decile que estabamos viendo el mago de oz, al fin y al cabo fue magia, entre Dorothy cantando: Somewhere y encontrando tu somewhere unas varias veces, que se que está a ver... acá, a 6 centímetros o menos en ese hueco y lo sé por tu rostro y tus uñas clavadas a mis hombros como quebrándome porque te estás quebrando en una expresión congelable: Casi la muerte del placer.

Por eso.


Un orgasmo es el momento en el que está por morir el placer.


Para congelarlo ahí y no preguntarte demasiado más, después de tus ademanes, tus palabras, tus abrazos y, quizás...

Vos tampoco deberías de preguntar nada, algo así como alguien de quién te he hablado porque quizás, en mi mente, mientras te penetraba con toda esa pasión comprimida, tenía otra cosa en la cabeza.


Corrijo: Tenía a otra persona en la cabeza.

5.24.2007

Un vestido y un...

Que si no hubieras aparecido con esa rosa roja enorme, querida…

No sé quién fue la estúpida que dijo que los diamantes son los mejores amigos de una mujer. Si sé, una tal Marilyn. A ella la compraban difícil, a mi me compran con rosas, que habrá que ver cuanto me compra una rosa.

Una rosa roja no es solo una rosa. Una rosa expresa un poco más, es un galanteo casi dandy de una dama frágil. Tu sonrisita entremezclada con esos ojitos rebosantes y una rosa.

Así, como un murmullo.

Después las fotos, el flash y mi escote, los zapatitos de charol y mi boca entreabierta, el labial amatista, el labial rojo, el vestido a pintitas, el vestido negro y Lacrimosa de fondo y la rosa embebida en agua, esperando marchitarse para que yo la inmortalice bajo cinta adhesiva.

Para inmortalizar el día de hoy, también, mientras te leía algo, mera excusa para que apoyes tu cabeza entre mis piernas y acariciarte el cabello, enmarañarlo y dejar tu cabello recogido algo perturbado por mis manos.

-El sábado vamos a cortarnos el cabello –te digo.

Así, como si no quisiera cortarme el cabello sino verte, una pequeña sonrisa esbozando que te acordaste de mí en varios momentos, que hasta ella se puso celosa de mí cuando me conociste y, debo admitirlo, estás tanto más madura.

Una señorita.

Las señoritas son algo fluctuante, cambian de opinión a cada rato pero ese modo por el que me mirás no cambia. Tampoco tu boca cuando te marqué con labial en tu mejilla y luego observé que casi, casi, corrías tus labios.

Pero yo te limité, bellamente.

Porque es así, dama, las mujeres no somos fáciles, especialmente con otras mujeres, especialmente cuando las otras mujeres galantean con una rosa.

¿Sabías? El blanco es el color de la amistad, no el rojo, querida.

¿De qué estamos hablando?

Comunicación omnisciente.

Una rosa y tu miradita, esa que captura como el flash de tu cámara, mis labios, mis uñas, mis piernas, mis piecitos juguetenado con unos instantes de cariñosos galanteo oculto.