- ¿Mentiras blancas?
- ¿Qué son?
- Esas son mentiras que decimos para hacer que las personas se sientan bien.
- Yo no miento.
- ¿Racionalizaciones?
- ¿Qué es eso?
- Esas son mentiras que decimos para sentirnos mejor.
.Versuchung.
- ¿Mentiras blancas?
- ¿Qué son?
- Esas son mentiras que decimos para hacer que las personas se sientan bien.
- Yo no miento.
- ¿Racionalizaciones?
- ¿Qué es eso?
- Esas son mentiras que decimos para sentirnos mejor.
Tantos escritores y ¿para qué?
Acaso algunos lo hacen por el dinero, otros por una efímera y patética fama (Cohelo es emético como desayunar veneno para hormigas con copos de maíz azucarados) pero están aquellos otros que lo hacen por la verdad.
Respeto más a quienes lo hacen por la verdad pero, siendo honesta, me respeto más: escribo porque tengo la responsabilidad de encontrar a mi alma gemela.
Me lo pregunto todas y cada una de las veces que tengo ese libro frente a mí… La continuidad de los parques con su cuento Flor amarilla y que pasa sí, aunque la reencarnación fuera una locura, existiera esa reencarnación intelectual, él ya muerto y él viviendo mis pensamientos cuando yo no era, y ahora ser yo y también ser él, ¿por qué él no sería él siendo yo un él también?
Es que quizás haya un él que no sea él y que por eso sea también yo. Cómo no pensar que, quizás, algún silencioso intelectual está ocultando frágilmente mis partes en él, qué también me está escribiendo como yo lo estoy escribiendo y ya lo describí en Sick Sad Word, La continuidad del relato y Total eclipse of the letters.
“Quizás esté sucediendo, en este momento o en otro momento de otra persona”. Quizás esto mismo que siento esté dentro de alguien, ahora o hace años o en el momento más inesperado de mi vida. Quizás alguien también leyó a Julio y pensó que todo lo que era lo era otro, entonces, esto sucedió… en este momento y en otro momento de otra persona.
“Y pasa y se pregunta si quizás esto también será un sueño, escribir sobre un sueño, porque, porque…” Porque entonces el evanesciente deja vú, repentinamente todo color, aroma y textura es lisérgico, se impregna en el conocimiento de haber sido, ahí, en algún momento o en alguna imagen o en algún sueño pero tan preciso… ¿Y quizás esto también será un sueño? ¿qué será del sueño si es el sueño de otro? ¿qué será del cuento que relato si alguna vez otro lo imaginó?
Entonces somos uno.
Un solo cadáver exiquisito.
El relato que acaba.
Una novela que recién comienza.
Puedo titular así un relato, pues este es tu relato, pues este es tu título.
Ai no Kawaki por eso beberte. No hacerlo. Jadear. Palpitar cuando están tus ojos posados en los míos como una mariposa se mece sobre los pétalos aterciopelados, antes de saber que aquellos pétalos marchitarán y ella suspirará la rosa por última vez.
Ai no Kawaki y saberla a ella bebiendo tu elixir mientras yo, ilustremente fiel, rozo sus pantorrillas con mis charolados tacos, acaricio su cabello cuando tu no miras (cuando él no mira) pero tu hombre se detiene mientras mis manos dibujan el deseo sobre su piel, retirándome en silencio y sellar las caricias distantes en el aire.
También, anidando estelas entre mis pensamientos, está aquellas frases:
-He caído muy bajo gracias a ti.
-¿Por qué?
-Partirás mañana, ¿verdad?
(El marino que perdió la gracia del mar)
Rememorando aquella frase: “puedo darte todo lo que me pertenece, pero no puedo darte nada de lo que no soy dueño”. Yo no soy dueña de mi misma. Hay emociones ligadas a mis actos, emociones ajenas que a su vez son mis emociones, porque mi sentir depende de su confianza en mí, de mi lealtad, de mi estabilidad.
Pero, cómo dice Mishima en el libro de mismo nombre:
“La percepción del mar, el ebrio y oscuro sentimiento que depara siempre ese deambular ultraterreno… El estremecimiento de decir adiós… Las dulces lágrimas que viertes con tu canción… (…)”
Tiene algo que ver con decir adiós, buscando una manera de soportar los días mientras la impotencia me vence por no poder oír tu voz por teléfono, por no poder ver tu rostro risueño contrastando tu buen gusto.
Porque me gustaría tenerte frente mío y decirte que te debo la vida que no suicidé.
Eso que me permite vivirme ahora y vivir a las personas que amo.