Breathe

Breathe
Nunca ha habido nada, pero todo lo que hay es mío.

7.09.2007

Snow White

Y el frío no importa.


Blanco sobre mis cabellos, sobre la piel de mi tapado, blanco sobre la ciudad.



Bellísimo.


De fondo: Qué triste cuando se pasa la vida, durmiendo en las calles...


Es tan perfecto.


Escenario perfecto, nieve cayendo.


Hace mucho, pero -mucho- que no era tan feliz.


Gracias clima, gracias vida.

7.07.2007

M Kitsch, Gótica, Electro-Pop, irrotulada por lo irresoluble de la pluralidad de M

Día gris. Más recuento de recuerdos, los recuerdos parecen un abanico que se despliega en la caja de la memoria y una elige que faceta quiere ver.
Por eso, hoy día gris y M.
M se convirtió en ajena, aunque no puedo asegurar que alguna vez haya sido algo conocido en mí. Más bien, M era M por ser ajena, M era la locura consagrada y sigue siéndolo, ir a una fiesta disfrazada de gótica del medioevo pero con aires de locura pop-moderna. Y es que M tiene ese glamour tan antiglamour que me abre los paraísos de lo desconocido: ¿Quién conoce a M? Quizás nadie la conozca como yo lo hice porque yo la conocí en lo desconocido, M es y fue una canción en mi reproductor, M fue la locura del alcohol y las drogas, M fue y es muchas cosas menos ella, porque se construye y se reconstruye en el relato de la vida, M tiene eso de especial: M no es.

Y es por eso que vino y se fue, vino para irse, para quedarse dos instantes como ajetreada y mirarla contemplando la M que no fue porque no es.

Y eso me encanta de ella.

O lo odio.

O ambas dos.

7.02.2007

Perfume de mujer (Dedicado a D)

Ella clava sus ojos en él, mirándolo fijamente, atina a balbucear pero ve difusas sus palabras, porque las burbujas de la champaña ya le ondean el cerebro y él la acalla con un beso, luego otro y otro perturbando cualquier intención de la Dama de mantenerse Dama.

Porque ahora ella pasa una mano suave por entre su entrepierna, o juega con el cuello cincelando su piel, o todo junto.

Lo toca, lo acaricia, lo gime en manos o lenguas que sobrepasan las ropas (aún hay ropas, quién sabe porqué). Pero él se mueve rápido, el apuro por llegar más allá de las prendas y el sonido de la música porque sí, siempre hace falta buena música.

Y ahora otra mirada en sus ojos verdes, una mirada en la cama, una mirada en su cuerpo desvelado de telas, una gata entre las sábanas y rasguña, suave su cuello estremeciéndolo, sulfurando ahora la saliva de los besos con su saliva, entremezclando los deseos con la piel de nosotros.

Ella se ríe y él la enmudece, una vez más.

-¿No podés pasar dos segundos sin besarme? –dice ella

(Uno)

La besa.

-No –dice él.

-¿Y si te digo que quiero algo más? –dice provocativa.

El observa su escote y la toma de la cintura, la acaricia de arriba abajo, definiendo la silueta entre sus manos, en un seco movimiento la lleva a la cama y ella se queda quieta, sin hacer ademanes de nada porque él, que ya la empieza a desvestir, pero ella que es la Dama de la dominación, se monta sobre su cuerpo, embebiendo con sus manos la piel de él, pero ahora las burbujas del alcohol se mezclan en todo el juego embriagado y ella le dice que lo quiere sentir, qué lo quiere dentro, igual que en el cuento pero con otro protagonista, y lo leyó hace ya minutos, porque el penetra todos sus instintos de alcohol y alucinaciones varias, moviéndose, acompasando un tango o alguna otra melodía porque ahora, ya, el sonido sulfata los tiempos, tan solo se mueven juntos, una y otra vez, tan solo bailan en esa sinfonía corpórea. Y ella le dice, como si ahora todo fuera una película: “I do love the way yo dance” (Great Expectations)

7.01.2007

Habitos de desmadres.

Mi relación con mi madre es semejante a un matrimonio de dos mujeres mega histéricas y constantemente indispuestas, desangrándose por la cantidad de irrigación sanguínea.

Porque no me llamó, entre ayer y hoy, y cuando la llamé me contestó seca. Y carajo. Porque si ella me llama la detesto, soy ácida, cortante, cruel, lacónica, la ignoro, la quito del rol protagónico que ella quiere, la dejo, la abandono, me muestro reticente a conversar, me voy.
Pero ahora es ella la que me contesta seca. Mi rostro bien podría ser el de un pollito mojado o un cachorro perdido haciendo “snif” al preguntarse: ¿Qué le pasa a mi mami? Como una boludita.

Sucede que no comprendo exactamente cuál es el lazo que nos une.
No lo comprendo.
Hubo algo, en mi infancia, que la alejó del rol de madre. Ella tendría que haber sido la que me llevaba al colegio, la que preparaba el licuado de banana, la que me cantaba muñequita linda, sí, ella y no mi abuelo. Pero fue mi abuelo el que se encargó de ser madre-padre y así ella fue artífice de una extraña situación de darme, una especie de sustento pero no una madre, un sustento que tampoco era exactamente el de padre, pues empapaba los instantes conmigo de bochornoso apego, besos, mimos –demasiado fuera de los límites-

Luego en mi adolescencia se fue. Semanas sin que me llame, de golpe venía, pero no había indicio en ella de querer comunicarse conmigo. Nada. Yo tampoco era Miss. Simpatía, bien me encargaba de rechazarla y odiarla, como inexorable adolescente aireada que no necesita a mamá. Pero sí, la necesitaba, eso, un límite, un “Nena, -NO-”.
Pero no estaba, ni para límites ni para caricias, era una hoja blanca sin rostro, sin imagen de nada, o quizás esa imagen cruel y amenazante de aquella que tenía el poder de lastimarle tal y como luego lo hizo.

¿Cómo puede alguien herir y querer?

Porque ella me lastimó, me hirió, masacró toda la infancia, toda la inocencia y luego… luego suenan los celulares y no estoy segura de mis sentimientos, luego no quiero hablarle, porque al fin y al cabo es una extraña, es aquella persona que me besa por las noches y emana un veneno, una corrosión en mi piel.
Me muevo, la rechazo, rehúyo a su contacto.

Y luego su silencio, que me asfixia un poco, como si pidiera que me rompa las pelotas, que esté para rechazarla, para entrar en el círculo-juego sádico: no te quiero oír, no quiero que estés.

¿Pero como rechazarla si me deja crecer?

Cómo si por instantes no quisiera crecer, querría permanecer niña.

La niña perpleja que mira anonadada roles quebrados.

6.29.2007

Augen

Mis ojos posados por la cámara que se entromete entre nosotras. Es curioso, te ves distinta, lejana y más deseable, más Dama, más mujer. Gatita arisca que rehuye mis dedos pero cuando es tocada se queda, se acerca, ronrronea bajito para que no la oiga, pero puedo percibir los signos del cuerpo, el vientre tieso, el labio vibrando. Y aún así te recluís tras la tristeza, aún así decidís ser tan perfecta tras lo ajena que sos, que tengo miedo de despertarte, tengo miedo de besar tus párpados por poder quebrar ese cuerpo que no está desnudo porque no, no quiere, pero aún así te viola tu trasparencia.

6.27.2007

Belleza escoltada por el deseo negado.

Tu carita de ángel leso era la vulnerabilidad masificada por toda mi piel.

Si sabrías, si tan solo sabrías que decirme no es lo que seduce a mi perra en celo. Tus manos bajando despacio, te acercás y yo entrabro la boca e inhalo fuera y de repente te vas. ¿Lo qué? sí, corrés la mano, estás deprimida, lo sé y me encanta. No porque me guste verte sufrir o quizás sí, pero lo que me atráe es que estés tan ajena, que tu cuerpo exhalte a mi cuerpo y lo deje allí, en coma de espera de tus manos sobre mi inhalar, sobre la lujuria que esperaba y no estás, porque no, estás desconcentrada. Carajo y gracias.

Carajo porque ahora me dejás con las ganas, porque ahora te hacés ajena, difícil, dale nena, difícil, sí, dale que me encanta. Ajena y esquiva, perteneciente a tu dolorcito depresivo y te acaricio, caricias en sobredosis por todo el cuerpo y te acercás de nuevo pero te vas.

Carajo.

Y dale, gracias, andate. Porque me encanta carajear tanto que me dejes con la sangre irrigada y mi boca palpando tu boca y tu boca rehuyendo, tus párpados bajos, semi dormida, apretándo fuerte mi cintura, pasando tus manos por mis senos rebosantes y yo te veo, dormida y congelada, ajena y triste...

Y corten esa imágen.

Tu mirada perdida, escoltada por lágrimas que no largás, tus palabras mudas, tus abrazos indecibles y mi cuerpo casi roto, esperándote y el tiempo...

El tiempo alarga sus relojes, ahora te deseo más y tenés otro sabor: el sabor de la tentación.

Nena, te quiero, quiero que me toques, quiero ver tu sonrisa y tus labios apasionados y tus manos penetrando lo prohibido.

Pero vos... sufrís por él.

Podría decir que odio eso, que algo de rencor le tengo a él que lo sé artífice de tus penurias. Pero a la vez está ese halo mágico de desearte y que seas tan de él que no puedas seguir, que me cortés el éxtasis, que dejes el celo librado a las promesas orgásmicas no finalizadas por tus uñas que no entran...

A su vez me encanta.

Te hacen bella, inalcanzable, perfecta.

Déjame ahí, tirada en donde tu perfume emana negativas.