Breathe

Breathe
Nunca ha habido nada, pero todo lo que hay es mío.

7.20.2007

Feliz día

Gracias a los que rompieron las pelotas desde las 8.22 con mensajes de texto. Gracias a los que no se acordaron, gracias a l@s forr@s hij@s de puta que fallaron. Gracias a los que no. Gracias a los que son amigos si pero no. Gracias a las amantes que no entienden nada y aún así te mandan un feliz día por el día del amigo, de la novia, de la marida, de la vecina, de la madre y de la hija (las relaciones homosexuales tienen ese tip divertido de englobar toda categoría). Gracias a los hincha pelotas que ocupan todas las calles de la ciudad con griterios maricones. Gracias a los que salen a despachar las amistades frívolas y grandilocuencias varias. Gracias a todos y a todas, gracias por hacerme gastar medio sueldo en regalos baratos, gracias por enaltecer otro de los recursos Argentinísimos para currar un poco más...

Pero especialmente gracias a los que están.

Perdones especiales a aquellos que me saludaron, me recuerdan y que yo, en contrapartida, no tenía la más puta idea de que existían.

Gasten poco y cenen mucho.

Atte.,

Nathalie.

7.18.2007

Dante's Inferno

A veces pienso que el único cielo e infierno es la propia vida. No dejo de cotejarlo.

Solía decir: La insensibilidad solo puede surgir de la más pura sensibilidad, sino no se podría siquiera denominar, al ser resultado de un opuesto, por prefijo in, ergo por contraste con la emoción misma, tiene que ser conocida, sentida, la sensibilidad.

Entonces hablaba del vacío emocional. Eso que, precisando, reside en el no-sentimiento pleno, en un purgatorio en vida.

Solía hablar de que el vacío era algo tan lejano a la insensibilidad que, casi, se oponía. Podríamos decir: El vacío es un 0, la insensibilidad un menos 10, la sensibilidad un más 10.

Lo corrosivo, está en el poder de la insensibilidad para vivir. El poder bien formado que esta tiene para determinar razones para vivir: querer morirse.

Al fin y al cabo, querer morir es sentir, es desear, es tener una razón jodidamente difícil de derribar, para existir al otro día, una meta: no suicidarse, no haber muerto, no haber perdido la batalla aún.

Ese deseo, la capacidad tan intensa para sentir, es lo suficientemente fuerte para sumirnos en un mundo. Sí, un mundo. Cómo dije al principio, la vida misma es cielo e infierno y podría decir que querer morir es la forma más certera de vivir un infierno y también la forma más extrema de vivir.

Pero, es vivir.

Ahora, ¿qué pasa cuando una vive sumida en ese infierno tanto tiempo que al disolverse ya no queda cielo sino purgatorio? O quizás, el cielo no es tan atrayente, el aire tiene esa lucidez tan clara que se hace inconsistente, el fuego tiene esa cadencia que nos permite sentirnos atraídos, conmovidos, hipnotizados…
Pero, supongamos, que todo se va. Se va al fuego, se va la vida misma, de golpe y porrazo cambian los parámetros y tan solo queda querer vivir, sin desear nada distinto que el existir, sin desear acabar con todo, sin sentir ese dolor punzante, tan solo queda la más resplandeciente vida.

Repentinamente, todo se hace real.

Pero ¿cuál es la recompensa del pasar del tiempo? ¡Las gratificaciones están tan teñidas de lo esporádico! ¡Cuán cortos han de ser los momentos de felicidad! Debería de existir algo, algo que justifique el ser, el estar, alguna motivación para.

Y pienso. Sencillamente pienso en aquel día de acalorado debate en la clase de catequesis, en las que pedí justificación para la existencia, para sufrir y sentir dolor y esforzarse y golpearse y crecer y volverse a parar y respirar a pesar de la perra vida. ¿Por qué? ¿Para qué vine a este mundo? Y lo pregunté con total fervor de que no habría palabra que justifique el ser, el estar.
Una alumna levantó la mano. Me dijo: Natalia, vos no creés en el paraíso, no creés que después de todo esto haya una eterna vida de gloria, no tenés un motivo para vivir porque no creés en recompensa o castigo.

Y es cierto, no lo creo, porque la idea de una eternidad se me hace insoportable, creo que en fin la mayor recompensa de vivir es morir algún día y sencillamente, quedar congelados en el recuerdo de aquellos que amamos.

Prewiev del día del amigo (A merry verry unday)

Este año estuvo lleno de cambios y esos cambios antecedidos por verdades. Una de las verdades aprendidas es que la amistad es impredecible. Solemos rotular, pero establecer un status en un humano es, o bien aligerar la carga, o bien definir responsabilidades para con el vínculo.

Incurrir en una amistad implica estabilidad, en las buenas –y- en las malas. Una amistad es una presencia que acompaña, que está incluso omnisciente, pero la omnisciencia no es lo suficientemente fuerte como para forjar esa amistad. Tampoco creo que un lazo esté determinado solo por las malas. No. Un lazo consituye tanto palabras en el dolor como en las alegrías, compartir, ser parte de otro, estar en la vida de otro.

Por eso digo, este año aprendí lo que es la impredicindibilidad de la amistad. Conozco a alguien. Bien. Cada uno tiene modos, mis modos suelen ser, en la media, atender, dar y dar un poco más, conocer, compartir dolores y alegrías. Pero ¿basta? Me di cuenta de que no. No permitir que me conozcan a mí, tener esa coraza tan impenetrable, no abrirme, no confiar o confiar pero sentirlo superficial, forjaron gente, mucha gente que me hizo parte de su vida y yo no la hice parte de la mía. Quizás, al fin y al cabo, decidí hacerla parte demasiado tarde, cuando ya no había atendido el segundo punto de la amistad: Recibir.

Dar, descubrí, es un proceso simplísimo para aquellos que elaboramos una constitente máscara. El otro ya es, ya está constituido, comunica, cambia, muta, pero uno acompaña esos procesos, los conoce, penetra la coraza con una suerte de inexplicable herramienta para decodificar las acciones y emociones de los demás, un poder analítico que confiere la experiencia de vida propia, y trasladamos efectivamente a los demás. Damos lo que sabemos que podemos dar, sabiendo lo que el otro puede recibir. Ahora ¿recibir? Es una alternativa considerablemente más complicada. Cuando uno se cierra en un vínculo, o cuando uno constituye la esfera de ese vínculo, uno mismo es desconocido. ¿Cuándo uno es conocido? Es difícil de establecer, pero particularmente cuando se conocen los defectos de uno.

El modus operandi de muchos, incluyéndome, es poner un particular método de autodefensa ante nuestras propias debilidades: no mostrarlas. Esto es simple: nos articula como una seguridad en la amistad. Ahora, para gente como nosotros, la expectativa se torna turbia, el panorama se nubla cuando necesitamos recibir. Nos encontramos con que… el otro no tiene idea de cómo dar, no tiene idea de que cumplía un rol que, si bien es intrínseco a la amistad, constituía una expectativa dibujada en nuestro interior y no un explícito.

¿Qué sucede? Nos damos cuenta de que la amistad es cosa de dos, nos damos cuenta demasiado tarde, recién cuando percibimos que nosotros también somos dos polos constantes de una sola cosa: la necesidad. Esta necesidad tiene tanto el dar como el recibir, tanto el dolor como las alegrías.

Por eso este año me sorprendí, porque por primera vez elevé mis stándares de amistad, empecé a necesitar o, al menos, admitir que era una faceta mía. Dicha exigencia me llevó a… quedarme con una sola amiga.

Duele, sí, pero en el fondo descubro lo fundamental: necesitar es parte de ser.

Recién cuando comprendemos nuestras necesidades, comprendemos nuestros reales dolores y nuestras verdaderas alegrías.

7.13.2007

Objeto, Sr. Juez.

No, no y no. Mire, le dije que no, lero lero, ¿ahora que hace usted? ¿eh? Me puede considerar rebelde si gusta, por mi está muy bien.

Pero sí, le digo que no, que no pienso tomar antirrecurrenciales.-

Mire usted, me opuse. Ja. A que no se lo esperaba. A que tenía la frustrada expectativa de que vaya dócil a sus palabras de lavacerebros y le diga "Aja Licenciada, muy bien, como usted diga". Pero mire, mire que no, que no soy así, que soy terca.

¿Y qué? ¿me van a vigilar para que tome la medicación? Porque no, se la vomito, punto.-

Digo que no y es no.

Y explico porqué: Dejé de militar para salvaguardar la vida de la lechuga y los organismos unicelulares.

Eso es sanidad mental señora, no me joda.

Eso, tomemolslo así: Yo voy una vez por semana y usted no me discute nada o grito.

Nos vamos a llevar -tan bien-

Me cayó, sencillamente, fantástica! Es usted la persona con título más curradora que ví! 120$ la sesión!

Ay la voy a volver tan loca.

Qué lindo.

Mi nueva víctima.

Respuesta a todo lo que diga: Me opongo, su señioría.

(sí, ya sé, soy una nenita irreverente... preparesé)

7.11.2007

Canciones

Aclaro: No soy y nunca fuí peronista.

Quién sabe porqué en mi adolescencia de ideologías repulsivas y descaradas, nunca me haya resultado atractiva la imagen del lider Perón. Pero lo cierto es que me resultaba repugnante ese culto al lider que manejaba las masas a su antojo y beneficio. Claro que tampoco la viví, tan solo oigo testimoniales de lo que fue, testimoniales que me bastan. Aún así tengo una madre cuya corriente es la incoherencia pura, y entre esa incoherencia está una canción que me hacía oir siempre en mi niñez que me agrada, ya sea por la letra que me resulta muy poética o por la mera incoherencia materna, que también tiene algo estético, algo simpático. Dicha canción es:

Pedro y Pablo - La marcha de la bronca

Bronca cuando ríen satisfechos
al haber comprado sus derechos
Bronca cuando se hacen moralistas
y entran a correr a los artistas
Bronca cuando a plena luz del da
sacan a pasear su hipocresa
Bronca de la brava, de la ma,
bronca que se puede recitar
Para los que toman lo que es nuestro
con el guante de disimular
Para el que maneja los piolines
de la marioneta general
Para el que ha marcado las barajas
y recibe siempre la mejor
Con el as de espadas nos domina
y con el de bastos entra a dar y dar y dar
Marcha! Un, dos...
No puedo ver
tanta mentira organizada
sin responder con voz ronca
mi bronca
mi bronca
Bronca porque matan con descaro
pero nunca nada queda claro
Bronca porque roba el asaltante
pero tambin roba el comerciante
Bronca porque est prohibido todo
hasta lo que har de cualquier modo
Bronca porque no se paga fianza
si nos encarcelan la esperanza
Los que mandan tienen este mundo
rRepodrido y dividido en dos
Culpa de su afn de conquistarse
por la fuerza o por la explotacin
Bronca pues entonces cuando quieren
que me corte el pelo sin razn,
es mejor tener el pelo libre
que la libertad con fijador
Marcha! Un, dos...
No puedo ver
tanta mentira organizada
sin responder con voz ronca
mi bronca
mi bronca
Bronca sin fusiles y sin bombas
Bronca con los dos dedos en Ve
Bronca que tambin es esperanza
Marcha de la bronca y de la fe...

Entre otras cosas, una amiga me hizo descubrir una canción que aún me gusta más, revolucionaria en sus letras, muy justa y acertada. Le dejo:

"Qué la tortilla se vuelva"

La hierba de los caminos
la pisan los caminantes
y a la mujer del obrero
la pisan cuatro tunantes
de esos que tienen dinero.

Qué culpa tiene el tomate
que está tranquilo en la mata
y viene un hijo de puta
y lo mete en una lata
y lo manda pa’ Caracas.

Los señores de la mina
han comprado una romana
para pesar el dinero
que toditas las semanas
le roban al pobre obrero.

Cuándo querrá el Dios del cielo
que la tortilla se vuelva
que los pobres coman pan
y los ricos mierda, mierda.