Breathe

Breathe
Nunca ha habido nada, pero todo lo que hay es mío.

10.29.2007

A pppppprrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr TRRRRRRRRR

Tengo un gato.

Hoy decidí que quién no tiene miembro masculino no puede ser macho. No importa la insistencia del veterinario y el hecho de que insista en llamarlo "Yukio" por Mishima.

Eso sí, es un puto, le encanta que le besuquee las tetillas.

Me enamoré... y es correspondido.

La felicidad puede ser una mordidita en la nariz, una áspera lenguita en los labios, un maullidito mal artificiado, una cabecita escondidita en el doblez de tu brazo y quedarse dormida mientras oís un ronroneo interminable y dos perlas verdes te miran fijamente.

10.24.2007

Eres, lo que más quiero en este mundo eso eres.

Hoy, hace exactamente 12 años, un 24 de Octubre de 1995, nació Ana Stephany Wirth.

En mi vida he tomado Ketamina en sobredosis y tenido K holes y sentirme completamente disociada, flotando sobre mi cuerpo. En mi vida he tomado MDMA puro y sentirme en éxtasis... en mi vida he sentido placer extremo pero nunca, jamás, he sentido eso que sentí cuando naciste.

Me lo dijeron aquella mañana: nació tu prima. Recuerdo esas palabras literales y quedarme, precisamente, sin palabras, y llegar al colegio y subir esas escaleras como si entrara a un palacio y se abrieran las puertas y allí hubiera una cuna con gasa cristal recubriendo tus ojos angelicalmente azules, tu cabello rubio, tu aroma a recién nacida. Eras mi princesa.

Me corrijo.

Sos mi princesa.

Porque cuando te veo, desde tu inocencia y tus juegos hasta el modo por el cuál crecés y descubrís mágicamente aquel mundo real, todo lo complejo que implica y todas esas formas por las cuales simplificás, esa honestidad brutal, esa magia cuando aún jugas, esa eufória por las cosas, esos modos sobrecarburados por los que contás lo que te pasa, esa confianza y ese amor que sabés dar, esa aura que tenés a realeza, esa belleza intrínseca que va mucho pero mucho más allá de tu gloriosa majestuosidad... precisamente por eso, porque sos lo más bonito que ví en mi vida y no me refiero tan solo a tu imagen... me refiero a lo que irradías, me refiero a toda la ternura y la calidez, me refiero al apasionamiento por verte crecer día a día, por ver tus cambios y tus complicaciones y a la vez tus alegrías y tus pasiones, por querer que vivas intensamente todos y cada uno de los momentos, porque sos, fuiste y serás la luz de mis ojos, uno de los motivos más grandes que tengo para vivir, poder verte y experimentar como de a poco te convertís en mujer, poder saborear el modo por el cual saboreás tu vida...

Ver el brillo de tus ojos.

Y es tan solo querer vivir para estar ahí, para estar en tu vida y saber que siempre tendrás cada milímetro del amor que hay en mi para vos, porque todas y cada una de estas palabras son una nimiedad para expresar que siempre quiero estar en tu vida porque nada jamás me haría tan feliz como ver tu rostro de alegría cuando descubrís en las pequeñas cosas tanta pasión.

Porque eres... lo que más quiero en este mundo eso eres.

10.20.2007

La insuficiencia de las construcciones culturales del vocabulario + Marina geburstag

La verdadera amistad tiene un momento de silencio muy ruidoso. Es exactamente cuando hay que usar la palabra te quiero. Soy una obse de la meticulosidad de lo expresado y no me refiero a sintaxis ni semántica sino algo más profundo, una cuestión de responsabilidad con la carga del discurso y su repercusión.

Lo curioso es que querer, en alemán, es un verbo modal, y no existe nada más preciso que eso. Los verbos modales como möchte (querer), wollen (desear), dürfen (tener permiso), sollen (tener que por obligación externa), müssen (deber, por obligación autoimpuesta), können (poder) son un mundo aparte, inclusive gramaticalmente hablando. Por empezar, son verbos que exigen obligatoriamente otro verbo. Se construyen de distinta forma, el “modalverben steht auf position zwei, subject steht auf position eins und verb im infinitiv am ende”. Es decir, no conjugamos el verbo que implica el verbo modal sino que conjugamos el modal en relación al sujeto.

Todo esto no tiene demasiado que ver excepto por el dato curioso, querer como muestra de afecto no existe. Se dice Ich liebe dich, que viene de liebe que es amor. Claro que no se traduce “yo amor tu” sino que liebe podría ser una primera persona de lieben, aunque desconozco si existirá como verbo.

No tengo mayor conocimiento respecto de los casos en otros idiomas pero me resulta curioso que no haya un distintivo en los “niveles de afecto”. A su vez me siento bastante perturbada porque yo misma, en nuestro idioma, siento que “querer” es un verbo posesivo, que implica una acción secundaria ¿qué es lo que quiero? El objeto de mi afecto “quiere ser poseído por mí”, lo anhelo como parte mía, es decir, parte de mi vida.

Me resulta complejamente fuerte.

Hasta cierto punto prefiero el verbo amar, porque implica un estadio del afecto mucho más sano: siento amor por esta persona, cariño, me importa que esté viva, quiero que esté bien, le deseo que sea feliz. Es claro, pero a su vez multidimensional. El problema que tenemos en Argentina (presumo que en todo país hispanohablante) es que al término “amar” se lo toma como algo grandilocuente, como una cosa tajantemente determinante, una promesa, un lazo sagrado… tampoco creo que sea tan correcto tomarlo desde esa perspectiva. Amar implica algo más importante, irradia esa postura de fidelidad de sentimiento pero a su vez se aplica, con mesura, a la libertad. Amar no exige ser amado, ni siquiera correspondido, aunque es más sencillo amar a quién nos ama. Querer implica algo más superficial, probablemente más ligado a las exigencias a las que nos lleva ese deseo de querer “algo”. Tal y como el alemán lo exige en su gramática, se quiere una cosa, poseer una cosa. “Ich möchte dir haben” sería apropiado, más no “Ich möchte dir”. Un alemán te miraría consternado y te preguntaría: Was möchte du mir?

A veces siento algo parecido.

Los silencios hacen ruido.

El silencio de no poder decirle te quiero a mi mejor amiga en su día de cumpleaños… el ruido que haría decirle que la amo… el silencio de decirle te aprecio… el ruido de decirle que la necesito… el silencio de no decirle nada, porque ya sabe todo, porque a veces las palabras son, oficialmente, un recurso torpe y sesgado, una construcción cultural que no nos permite habitar las emociones que residen dentro nuestro.

… aber sie wissest Ich könne nicht ohne sich meine leben denken.

10.15.2007

Insolencias de ayer, hoy y de siempre...

Natalia: Tengo una semana movida, el martes probablemente salga y vuelva el miércoles, a su vez el miércoles a la noche voy a lo de Marina, me despierto el jueves y voy a llevarle comida a Fabián, luego a la psicóloga, luego al local y más tarde a la facultad, llego, duermo, al otro día voy a trabajar, al otro día a Alemán y luego vuelvo a irme para volver al otro día.

Mabel: El miércoles a la mañana me pidió la abuela que vayas a la fisioterapeuta.

Natalia: Disculpá, ¿me preguntaron si puedo ir a la fisioterapeuta o estoy ocupada?

Mabel: Pero ya me avisó la abuela.

Natalia: Eh, o sea, a mi no me avisó nadie y el hecho me incumbe a mí. No puedo ir.

Ese macabro arte de manejar y manipular la vida mía como si fuera una fucking muñequita de plástico.

Fuck yourself.

Fundamentos de la producción de conversaciones

La afirmación es un habitué, un cliché en las conversaciones argentas.

Los observadores habituales de cafés y conversaciones solemos reparar en la disimilitud que existe entre los interlocutores. Se puede lograr un hastiado conocimiento de la persona respecto de su modo de responder. Voy a hacer hincapié en un par de ítems al respecto.

La (des)gracia(s) de ser hijo único

Nos atormenta el legado de haber jugado con “nuestra imaginación” toda la infancia, de hablarle a los peluches, de conversar con nuestros propios pensamientos hasta darnos cuenta que lo único interesante que tenemos es hipercarburar hasta que nuestros neurotransmisores empiecen a quedarse sin aire al grito de: deja de pensar, ¡forra!

Nos convertimos en nuestro propio mito de narciso, evaluamos una y otra vez nuestra postura sobre ¿la batata es una fruta? ¿el formato digital reemplazará el soporte papel? ¿es el dadaísmo un modo de oposición a la hegemonía o la muestra más grande de neurótica búsqueda de volver al útero materno? ¿se pueden romper los tejidos anales en una doble penetración? ¿por qué nadie cometió un atentado contra Bush? ¿cuál es la relación anorexia-serotonina-hambre? ¿por qué los cochecitos de bebé miran a la madre? ¿por qué mi voto vale igual que el voto de una pelotuda de zona norte que vota a Macri? ¿qué pasa con mi piel si me sumerjo dos días enteros en agua con cloro (¿me blanquéo?)?

Estamos tan convencidos de que siempre podremos retrucar con algo mágicamente esclarecedor, real, verdadero, directo, tajantemente revelador, que respondemos toda frase con: Ehm, en realidad… Sí, claro, pero vos… Podría ser, pero desde esta perspectiva… No, bueno, la cuestión se basa en que… Te olvidás de que…

Y refutamos.

Nos ponemos una coronita de flor de narciso y refutamos y volvemos sobre puntos que quizás el otro interlocutor ya sostuvo pero los replegamos sobre si, los reelaboramos, los contrastamos, nos oponemos y nos encanta ser esa clase de persona insoportable con la que debatir, tan solo porque somos inimputables y siempre le hemos hablado a nuestra cabeza al extremo de defender con ahínco a nuestra mejor amiga. Nos convertimos en abogados defensores de nuestras disparatadas ideas pero siempre, absolutamente siempre, el interlocutor estará equivocado.

El arte de asentir

Hay cierta gente que posee una habilidad especial denominada “escucha”. Dicha gente es capaz de sostener una conversación digna de una sesión psicoanalítica en la cual jamás se contrasta y su parte conversacional se remite a asentir o expresar del modo “aja, uhm, hujum, sí claro, exacto, correcto, cierto”.

Tengo la gracia de tener una mejor amiga perteneciente a dicho grupo, la cual me altera mucho a los diez “aja” porque me invade la sensación de que no tiene la más mínima idea de qué es lo que estoy diciendo. Lo curioso es que, no solo la tiene, sino que sus conversaciones son más elocuentes que las mías cuando me pregunta:

- ¿querés que caliente la empanada al horno o a la tostadora?

- Sí.

- Sí ¿¡qué!?

- Sí quiero.

- ¿al hoooooorno o a la tostadora?

- Ehm… eso, la tostadora.

O…

-¿Me traerías una silla?

- ¿Para qué?

- ¿¡PARA QUE VOY A QUERER UNA SILLA!?

Lo que demuestra que aquellos que vivimos íntimamente ligados a nuestros pensamientos internos, solemos perder el hilo y ramificarnos hasta ser dignos del Premio Nobel Down (por cierto, sin ofensas a aquellos con el síndrome), mientras que los asentidores suelen tener un contacto con la realidad digno de mención.

The bla bla bla type, irrevocablemente femenino

Las mujeres tienen esa deficiencia mental para pasar de un tema al otro sin que haya una más mínima interrelación. Como ya lo comenté, aquellos observadores de café tenemos la capacidad de poder notar las divergencias en las conversaciones. Curiosamente, un prototipo que responde a las féminas exclusivamente pero, mayoritariamente, a las rubias chetas, es el prototipo de conversación en el cual no solo no se escucha a la interlocutora sino que, además, son monólogos paralelos en los que ni siquiera se disiente, opone, contrasta, asiente.

Un ejemplo podría ser:

- Ayer compré un parche para el disfraz de elefante de Leo.

- Yo llevé a los chicos a ver a los elefantes al zoológico, no sabés el calor que hacía, aparte Jorge estaba insoportable con darles galletitas dulces a las jirafas y vino el jefe de seguridad a reprenderlo.

- Ay, hablando de calor… me tengo que comprar una malla.

- Yo tengo que retomar yoga, no me entran los pantalones talla 24, cada día estoy más gorda.

- Mi vecina de al lado adelgazó con Slim aunque le salió un ojo de la cara.

- ¡No sabés! A Josefina le salió conjuntivitis. El médico que la atiende es tan serio, tan profesional.

- Ufff, hablando de profesional, le subieron el puesto a mi compañera de trabajo y a mí que tengo más tiempo en la compañía me dejaron en ese puestucho que no me paga nada, igual me alcanza para pilates, buenos conjuntos de ropa interior y…

- ¡Me compré una planta de interior! Ahora tendría que contratar un jardinero…

Frases sin la más mínima relación de contenido teórico. Parecería como si ciertas mujeres tomaran una palabra de la frase y su perfectosistemanarcisistaconalarmadelaterta repentinamente dijera: YO YO YO y largara una extensa frase que, por supuesto, a la otra le será irrelevante y replicará con la misma metodología.

Con (ex)clusión

Existe, relativamente, una ley para que las conversaciones puedan darse. Dicha ley reside en NUNCA intentar conversar con tu mismo prototipo conversador.

Los hijos únicos no podemos asociarnos porque nuestra conversación sería una contradicción constante.

Aquellos asentidores no podrán conversar ya que sería una monotonía de acuerdos sin profundidad.

La feminoides disociadas no pueden conversar entre sí porque no hay ningún tipo de análisis de discurso.

Pero lo hacemos y ¡cuanto nos divertimos!

10.14.2007

Este título podría perfectamente estar firmado de mis besos

Miro la ambición de mis senos de tenerlo.

Husméo mi uña. Huele a cocaína. Flashaback de la líbido, blanca líbido, blanco polvo.

En lo blanca se entraña también un pesamiento de todo con perfume de tu sudor. Dudando que tus palabras sean ciertas, que toquen fría y cruelmente la realidad y desplomarme contra un pozo sin fondo acariciando, casi sin sexo, al aire que me traspasa y taja al medio.

Así y todo, masturbo fantasías.

Para callarlo.

Para decirlo y que me duela su decir.

Para ser honesta y no poder llorar luego.

Da igual. (¿Da igual?)

Pero debajo de todos los pensamientos, las partes de él o mis manos o sencillamente pensarte y ahí todo se llena de suaves aspiraciones de labios entreabiertos.

Solo queda tu estela. La misma que duele ahora.